Aquella mañana coincidimos con Unai Avilés en el Restaurant La Cazuela de Viladecans, principales patrocinadores de su reciente película "Zombiattack". Dicen que la primera impresión es la que vale, y esta vez no iba a ser menos. Unai desprendía un aura de optimismo, alegría, decisión y generosidad. Su forma de actuar quizás no era como la de cualquier otro adolescente de 15 años. Algo había en esa mezcla que lo hacía especial...






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