Albert Villanueva. “Educando generaciones”

Albert Villanueva es una de esas personas orgullosas de sus raíces y su pasado. Él se encuentra muy unido a su ciudad natal, Gavà, aunque pasa la mayor parte del tiempo impartiendo clases en Viladecans. 34 años ayudando a formar generaciones de alumnos le aportan una perspectiva muy especial del mundo. La de alguien al que le gusta observar todo con la lente gran angular.

¿Quien es Albert Villanueva?
Una persona que intenta poner pasión en todo lo que hace... Un lector compulsivo... Un profesor que cree que la escuela actual no acaba de ofrecer lo que necesitan los alumnos del siglo XXI... Alguien que, a punto de cumplir los 57 años, valora todo aquello que le ofrece satisfacción personal... Un gavanenese que está orgulloso de su ciudad, de su familia y de su trayectoria.

¿Cual es tu principal miedo?
A nivel general, imagino que los típicos de todo ser humano: al dolor de algún familiar, al sufrimiento propio... A nivel más personal, tengo miedo a no tener tiempo para realizar todos mis proyectos.

¿Qué te aporta calma y tranquilidad?
Aunque pueda parecer una contradicción, necesito implicarme, tener cosas que hacer, marcarme nuevos retos y proyectos... Me mata la rutina. No sé estar sin hacer nada e intento no quedar atrapado en una zona de confort que acabaría por aburrirme.

¿Qué te impulsa a hacerte profesor?
Soy maestro desde hace 34 años y suempre me repito cuánta suerte tuve al decidirme a estudiar Magisterio. Fue una decisión de último momento, pues hasta poco antes de la Selectividad mi idea era estudiar Periodismo. No recuerdo qué me hizo cambiar, pero sí que tengo claro cómo de feliz me sentí al empezar a ejercer la docencia y ver que estaba ayudando a mis alumnos a conseguir sus sueños y a luchar por su futuro. No existe una satisfacción más grande que cuando me encuentro con ex-alumnos que, muchísimos años después, me dicen "gracias".

¿Qué es lo que no funciona en este sistema educativo?
En la escuela actual hay muchas cosas que no funcionan... Un currículum excesivamente extenso y alejado de la realidad de los alumnos, una evaluación poco formativa, unos horarios poco adecuados, unos deberes claramente excesivos... Porque, a pesar de lo que acostumbramos a pensar muchos docentes, nuestros alumnos tienen ganas de aprender y están motivados ante los retos que les proponemos. El gran problema es que, muchas veces, la escuela actual no cubre las expectativas de nuestros jóvenes.

Pero, principalmente, creo que lo que falta en nuestras aules es emoción. Sin sorpresa, sin emoción, nunca habrá aprendizaje. Y en muchas de nuestras aulas, los alumnos sólo encuentran rutina.

¿Y las familias? ¿Hacen los deberes?
Muchas veces se achaca a las familias los problemas de la escuela. Yo creo que, como he comentado, el problema está dentro de la escuela, pero muchas veces los docentes echamos la culpa a los demás miembros de la ecuación. Así, la culpa es de la administración, de las familias y, evidentemente, de los alumnos. De todos, menos nuestra... Por eso creo que la escuela necesita un cambio disruptivo que acabe poniendo al alumno en el centro del proceso de aprendizaje y consiga que él sea el verdadero protagonista.

Tal vez lo único que echaría en cara a las familias es que, en su afán de ofrecer una magnífica educación a sus hijos, los saturan de actividades extraescolares y acaban estresándolos. Yo creo que los niños, cuando salen de la escuela, deben dedicarse a hacer deporte, una actividad artística o simplemente a jugar. Si después de 6 horas en el cole, necesitan seguir trabajando 2 o 3 horas más, algo se está haciendo mal.

¿Qué está cambiando en la educación la era digital?
La tecnología debe ser vista como una herramienta más en manos del alumnado, como una ayuda importante para su aprendizaje. Podríamos decir que todo estará funcionando plenamente cuando en una escuela la tecnología sea invisible, es decir, se haya convertido en una normalidad diaria.

Los alumnos viven en una realidad tecnológica que no podemos obviar y que muchas veces deben dejar apagada y aparcada al cruzar la puerta de la escuela. Debemos educar en su uso y aprovechamiento para que un intrumento como un smartphone se ponga en la mesa del alumno igual que se hace con un boli y un cuaderno.

¿Yo no quiero ir a esta escuela? ¿No sería?… ¡Yo no quiero ir a la escuela!
No. Los alumno sí quieren ir a la escuela... A los alumnos sí les gusta aprender... Yo como profe no quiero ir a "esta" escuela que sigue anclada en el pasado. Yo como alumno no querría ir a "esta" escuela que no me motiva, que no me sorprende.

Los que tenemos hijos muchas veces nos hemos encontrado en la situación de ir a recogerles a la salida del cole y, con toda la buena intención del mundo, preguntarles "¿Qué tal? ¿Qué habéis hecho hoy en clase?". Y ellos nos han contestado con un escueto: "Nada". Y es cierto... Porque no han hecho nada que les sorprenda, que les emocione. Y sin emoción, no hay aprendizaje. Otros días, a la salida de clase, han sido ellos quienes, sin más, no han dicho: "Hoy hemos hecho una cosa muy chula. Hoy en clase...". Ese día sí que se han mocionado... Ese día sí que han aprendido.

¿Qué rol cumple el profesor en esta sociedad moderna? ¿Qué rol habría de adoptar?
En muchas escuelas actuales, el profesor sigue actuando como los profes que tuve yo hace cuarenta años: el profe llega al aula, da su clase magistral, pone unos deberes para casa y acaba haciendo un examen. De esa manera, él es el centro del proceso. Y el centro debe ser el alumno. El profesor debe dar un paso a un lado y convertirse en un guía, en un impulsor... No en aquel que todo lo sabe. Las escuelas deben dejar de ser centros de enseñanza para convertirse en centros de aprendizaje. El alumno es el verdadero protagonista.

¿Tienes hijos? Y ellos cómo llevan eso de tener el profesor en casa.
Tienen profesor en casa y también profesora, pues su madre también se dedica a la docencia... Y, además, nos tienen en el cole, pues estudian en nuestro centro... No creo que les afecte negativamente, pues sabemos diferenciar nuestro rol de padres y de maestros.

Supongo que lo peor que deben considerar ellos de esta situación es que si hacen algo malo en el cole, nos enteramos rápidamente y les es difícil esconderlo o disimularlo... Pero ninguno de nuestros tres hijos nos ha mostrado nunca disconformidad en este tema.

¿Qué te impulsa a escribir?
Como he comentado anteriormente, he llegado a una edad en la que valoro muy poco las cosas que no me ofrecen satisfacciones personales… Y eso me lo da escribir… Los meses de investigación y documentación y las horas y horas de escritura me hacen sentir una persona plena y realizada.

Uno escribe para sí mismo. Después, publicar o no es sólo un paso más allá. Y, en muchos casos, el menos satisfactorio.

Escribir me permite jugar con el lenguaje, crear personajes y meterme en su piel, inventar historias... Pero en el fondo, yo sólo soy un lector que a veces escribe... Leer y escribir nos invitan a soñar y a reflexionar, dos cosas imprescindibles para sobrevivir en una sociedad como la actual.

¿Quien lee libros actualmente? Libros en formato papel…
Yo creo que siguen leyendo el mismo tipo de personas que hace cincuenta años: aquellos a los que les gusta evadirse en las vidas de los personajes de ficción, los que buscan enfrentarse a los grandes sentimientos humanos, los que gustan más de imaginar que de ver, los que se emocionan con el olor de un libro, con el tacto de unas páginas, los que se emocionan al descubrir un título nuevo...

¿Qué podemos hacer para fomentar el incremento de la lectura entre los jóvenes?
Dejarles elegir, no marcarles lecturas obligatorias. Permitirles que abandonen a medias una lectura si no les ha atrapado...

Y una idea que me parece interesante y que se ha comprobado que funciona es que, antes de comenzar la lectura, puedan conocer al autor. Un encuentro, virtual o real, con el autor hace que aquel joven se involucre de otra manera en la lectura de la obra, acaba por verla mucho más próxima.

POR HACER A TU MUERTE COMPAÑÍA… Háblanos de tu nueva novela.
En la novela he pretendido unir tres épocas que desde siempre me han fascinado. La primera es el Gavà de los años 20 y 30. En aquella época, un potentado barcelonés construyó el American Lake, un parque que quería convertirse en el Montecarlo catalán: lago, hotel, casino, restaurante, tren... Una cosa impensable para aquellos años.

El segundo momento histórico que siempre me llamó la atención fue el del pistolerismo y los movimientos anarquistas que en aquellos años 20-30 tiñeron de sangre Barcelona. En aquella época aparecieron también los primeros movimientos independentistas.

Y el tercero es la época de mi infancia y mi juventud. Aquella época de la que añoro la vida de barrio en la calle, los juegos, las experiencias… Y la influencia que empezó a tener en mí la música rock.

¿Por qué han de comprarla nuestros lectores y a quien va dirigida?
En una época en que nos gusta etiquetar todo, mi novela dicen que es histórica. Imagino que al estar situada en una época muy concreta, los años 20 y 30, podría ser correcto. Imagino que al aparecer muchos hechos históricos reales y muchos personajes que existieron y fueron importantes en aquellos años, la etiqueta es correcta... Pero yo creo que, en el fondo, desde los griegos y desde Shakespeare, todas las novelas hablan de lo mismo: de sentimientos. Y de eso habla mi novela: de odios, de envidias, de venganzas, de amor...

Es cierto que muchos lectores me han comentado que han aprendido muchas cosas que desconocían del Gavà de aquellos años y de la convulsa Barcelona anarquista. Yo creo que aquella época, con el pistolerismo que cubrió de sangre las calles de Barcelona, es un período muy desconocido. Poco después llegó la Guerra Civil y se lo comió todo... Pero en aquella época, con las grandes huelgas y manifestaciones, se consiguieron muchos de los derechos laborales de los que disfrutamos hoy.

Pide un deseo
Como lector compulsivo que soy, siempre digo que deberíamos vivir dos vidas para poder dedicar una de ellas sólo a leer… O a releer, pues hay autores que merecen ser releídos constantemente.

Como eso no es posible me conformaría con tener el suficiente tiempo para poder realizar todas las cosas que bullen en mi cabeza y que me hacen feliz.



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